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Y tú, ¿Qué harías si no tuvieras miedo?



Lo sé, el miedo es muy poderoso, lo he sufrido muchas veces y me he quedado completamente bloqueada por su causa en momentos muy importantes de mi vida. ¿Te ha pasado a ti también? Me imagino que sí y estoy convencida de que la causa principal de que las personas no lleven adelante sus proyectos y no persigan sus sueños es sin duda, el miedo.


Algunas veces lo camuflamos con excusas como “no tengo tiempo”, “ahora no es un buen momento”, “cuesta demasiado dinero”, “necesito prepararme mejor” pero seguro que si lo miramos de frente, con sinceridad y de manera profunda, detrás de todo eso que nos decimos, esté el miedo.


El origen del miedo tiene que ver con nuestra supervivencia como especie, es un mecanismo de defensa instalado en nuestro cerebro, una alarma que se activa cuando percibimos algún estímulo catalogado como peligroso. En nuestro cerebro se encuentra ubicada la amígdala que cumple con la función de “centro de control” y se activa como respuesta a estos estímulos desencadenando una serie de reacciones físicas como por ejemplo, aumenta la cantidad de adrenalina, la glucosa y la presión arterial, se acelera la respuesta cardíaca y se produce un importante flujo de sangre extra hacia los músculos preparándolos para la huida, la actividad cerebral aumenta y los sentidos se agudizan para que podamos reaccionar de forma eficaz y rápida.


Existen 2 tipos de miedo, uno es el real y esta basado en un peligro real, es el miedo más primitivo y que nos acompaña desde los primeros milenios como especie animal, es la sensación que sientes cuando estás solo en la casa y escuchas ruidos en la sala y lo único que se te ocurre es que se metió un ladrón a robar, tu cuerpo se pone en alerta y decides si ir a buscarlo o llamar a la policía y aunque solo sea un adorno que se cayó ese miedo es real.


El otro tipo de miedo no está basado en un peligro real, sino que es un miedo imaginario y aparece cuando no ves el peligro, no oyes el peligro… pero sientes que algo malo va a pasar, este miedo es el que sentimos, por ejemplo, cuando creemos que nos va a ir mal en un examen, o que nos van a despedir de nuestro trabajo, es un miedo a algo que puede o no ocurrir y depende completamente de tus pensamientos.


Y entonces, ¿por qué sentimos tanto miedo injustificado? Los motivos son muchos, sin embargo, tiene mucho que ver con la educación recibida, con nuestro desarrollo social y con las primeras interacciones que hemos tenido con otros. De alguna forma, en determinadas situaciones nos hemos sentido inseguros, inferiores o poco valiosos y hemos aprendido a temerlas y a ponernos en guardia frente a ellas. Lo que hace que cuando ese tipo de situaciones se repitan, nuestro cerebro quiera protegernos y por ese motivo, se desencadena la respuesta de miedo que es aprendida, automática y a menudo inconsciente.


Nuestro evolucionado cerebro humano muchas veces nos pone en problemas, algo que no le sucede al resto de las especies. Evidentemente eso es así porque el objetivo número uno de nuestro cerebro es proteger nuestra vida y por si acaso, la alerta se dispara siempre ante cualquier estímulo peligroso sea del tipo que sea.


¿Quieres que te lo demuestre? Pues te pongo un simple ejemplo: Si ahora mismo, si se presentara delante de ti una persona enorme, con su cara cubierta que te amenaza con violencia si no le das tus cosa, sentirías mucho miedo. Pero, ahora imagínate que esa persona no es real, sino que solo está en tu imaginación, lo ves con todo lujo de detalles, estás viviendo la misma situación pero en tu mente ¿Y qué es lo que ocurre ahora? ¡Exacto! Las respuestas de miedo que se desencadenan en ti son exactamente las mismas en situaciones reales o imaginarias. Es decir, a la hora de prepararte para una respuesta que te proteja frente a un peligro, tu cerebro no distingue lo que es real de lo que es imaginario y eso significa que, muchas veces tu miedo es infundado y se dispara frente a algo que solo está en tu mente, aunque tú lo sientas exactamente igual que si fuera real y precisamente eso es lo que sucede con nuestros miedos infundados: los sentimos como reales y no podemos evitar reaccionar a ellos, como si fueran de verdad.


Podemos actuar de 3 maneras distintas frente a una situación de peligro, real o imaginario:

1) Evitar la situación o circunstancia que nos provoca miedo, lo que conlleva que modifiques tu vida en función del miedo para no sentirlo. Pero hacer eso continuamente además de resultar agotador, termina complicándote muchísimo la vida porque reconocerás que no puedes estar siempre evitando todo lo que te asusta. La energía y el desgaste que eso supone te puede traer muchos problemas, incluso de salud.


2) Huir de esa situación o circunstancia y así conseguir que desaparezca. Esto no va a resolver el miedo y se volverá a presentar cada vez que nos volvamos a encontrar con una situación similar. Esta respuesta es adecuada, si está en juego tu vida, pero en el caso de los miedos infundados igual que en el supuesto anterior no puedes pasarte la vida huyendo de todo lo que te asusta, sin consecuencias negativas para ti. Una vida de continua huida al final no es vida, ¿no crees?.


3) Afrontar el miedo: Por supuesto, refiriéndome al miedo infundado que solo está en tu mente, ésta es la respuesta más sana y beneficiosa para ti. Puede ser que cueste o que no lo consigas, sobre todo al principio. Pero, poco a poco, si tienes paciencia y persistes, tu miedo disminuirá y terminará siendo mucho más llevadero y menos amenazante.


Donde hay atrevimiento, hay miedo, hay mariposas en el estómago, pero no debemos dejar que el miedo nos limite. Piensa en lo que harías si no tuvieras miedo y simplemente, hazlo.


Finalmente, pienso en ¿qué haría yo si no tuviera miedo? Si no tuviera miedo me haría más preguntas y encararía más mis respuestas, me burlaría más de mis certidumbres y apostaría más al espacio de la incertidumbre. Abriría mis brazos y cerraría mis miedos.


“Todo lo quieres está del otro lado del miedo”




Acerca del autor:

Alejandra Gutiérrez S.

IIN™ Health Coach & NLP Coach™

Master Practitioner of NLP™

Experta en Programación Neurolingüística y

Health Coach del Institute of Integrative Nutrition de Nueva York.



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